sábado, 6 de julio de 2013

El 9 de julio “Gloria de nuestra Patria”

  La declaración de nuestra independencia resultó ser una empresa titánica y sacrificada que se fue amalgamando con el tiempo hasta madurar en los resultados de una gran asamblea en la ciudad de Tucumán, lugar este donde se venía trabajando desde meses anteriores para conseguir los resultados y demostrar ante el mundo el valor y la decisión de estos pueblos de América que deseaban fervorosamente romper el vínculo con España.

   ¡Vaya empresa! No era fácil de consolidar; los españoles se resistían a entregar las colonias, ellos consideraban que esta parte del mundo les pertenecía, por lo tanto luchaban para aplacar cualquier intento emancipador. Pero los pueblos criollos no pensaban igual, se sentían despojados y ultrajados por los europeos, y aunque muy desorganizados políticamente trataban de agruparse, más allá de sus grandes diferencias, para consolidar la lucha sin cuartel contra los ejércitos realistas.


    Entre triunfos y derrotas, y a sangre fuego  se iba  meciendo la historia. Después de la Revolución de Mayo los episodios se fueron sucediendo de manera inexorable y esta parte del continente se jugaba su destino de libertad. Pero la libertad no era una palabra, era un sacrificio, una causa, era una decisión de vida que marcaba el rumbo de los nuevos pueblos y generalmente se convertía en escenas desgarradoras.
    La libertad significaba resignación, dolor, entrega y desprendimiento extremo. También  la libertad significaba la grandeza del ser humano para llevar al altar de la victoria los grandes objetivos de su vida:   cortar con las cadenas de la opresión aunque tuviera que regar con su sangre la historia.

    El cuadro de vida de estos pueblos cambiaba drásticamente y los enemigos aparecían por doquier. En muchos pueblos de América, estar con la revolución, significaba muchas veces condenarse a muerte, y hasta los niños eran brutalmente golpeados si hablaban del movimiento de mayo; así era también  como muchas veces los traidores surgían por donde menos se esperaba y hacían meyas entre los criollos, mientras que el sol de la esperanza parecía que se apagaba.

    Al final de tantas desavenencias y derrotas  afloraron triunfos que apuntalaron el éxito. La Batalla de Salta que libra Belgrano en 1813, fue en gran medida decisiva para ir cambiando el rumbo de esta historia;  más al norte el general Bolívar reconquistaba Caracas mientras que San Martin consolidaba el Ejército de los Andes.  Fueron estos algunos de los hitos que, aunque tibiamente,  preanunciaban  el triunfo y sirvieron para sostener los objetivos de independencia contrarrestando los muchos combates y batallas  perdidas.   Los realistas habían triunfado en Sipe-Sipe, Huaqui, Vilcapugio y Ayohuma y aún se mantenían en el Alto Perú, mientras que su objetivo final era invadir las provincias del Río de La Plata para apoderarse de Buenos Aires.

   Así vemos que el panorama de estos pueblos era tan incierto como desgarrador, pero miles de criollos patriotas creían en la Revolución de Mayo  y precisaban lograr la “declaración de la  independencia”. Se trabajó intensamente y se llamaron  delegados de todas las provincias para convocarlos en Tucumán, descartándose a Buenos Aires para este crucial encuentro, con motivo  de rechazar el centralismo por los intereses y decisiones condicionantes que se ejercían siempre desde la ciudad del puerto y que terminaban desmereciendo al interior, dado que existía claramente un espíritu anti porteño. Buenos Aires debió de aceptar las condiciones  y nombró representantes a la ciudad elegida. Lamentablemente  no participaron las Provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental, dado que demostraban sus constantes diferencias políticas sobre cómo lograr la independencia. Sí estuvieron presentes algunas provincias del Alto Perú que aún estaban en poder de España.

   Más allá de los graves inconvenientes tanto  internos y externos los diputados designados comienzan a debatir cómo organizar la forma de gobierno de las Provincias Unidas y redactar una constitución hasta que se llega al 9 de julio de 1816 , luego de más de tres meses de calurosos debates, se trata en ese día el proyecto  de declaración de la independencia: proclamándose a estos territorios como nueva nación libre del dominio español y conformándose las “Provincias Unidas de Sud América”, labrándose la histórica “Acta de nuestra Independencia”. Pasaron los años, se sucedieron las luchas y desavenencias pero la independencia se mantuvo con firmeza  y al final los argentinos logramos la república.

    Aquellos veintinueve diputados bajo la presidencia de don Francisco Narciso de Laprida deciden y establecen   “… declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli...”

    Así fue como en la ciudad de Tucumán y  en la casa de doña  Francisca Bazán de Laguna, no con pocos dolores, aunque con mucha esperanza, el 9 de julio de 1916 ¡Había nacido nuestra independencia patria! Lo que se convierte en un grito esperanzador para todos los pueblos de América que retumbaba por todos los confines del mundo.


6 de julio de 2013
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